La caleidoscópica razón que observo detrás de estas dos nebulosas es la siguiente: la lluvia de espejos está jugueteando con la luz y su encuentro se convierte en colores burlescos de dudoso final, puesto que en el camino se hacen adictos a la fricción con el viento que se ha asentado en los valles de Marte, lo cual los hace olvidar el motivo de su nacimiento.
Todo esto lo hago como anticipación a la descripción de Augusto Maroto Rivera, famoso payaso de la esquina de la Botica La Esperanza, frente a la zapatería del mismo nombre. Su tez es morena, cabello semiondulado, ojos cafés y pestañas más largas de lo normal, cosa que le merece repetidas mofas de sus compañeros de gremio.
Con una figura tan estilizada que roza lo demacrada, atraviesa la Avenida Fuertes a las 9:13 a.m. todos los días de su vida desde el 13 de marzo de 1999, hasta la esquina de la botica antes mencionada, centro de congregación de sus 4 grandes fanáticos, los cuales serán descritos en otra ocasión, que peculiarmente son sus compañeros de gremio a la vez, aquellos que se burlan del tamaño anormal de sus pestañas.
La vestimenta de Pomposo, nombre artístico de Augusto Maroto Rivera, se caracteriza por el uso indiscriminado de colores, tallas tres veces mayores a la suya, entremezclado con las manchas marrón que inundan cada parte de su traje, le otorgan por parte de los no conocedores, el título de indigente o habitante de la ciudad, como le había sugerido Ana Valdivia (trabajadora social chilena radicada en Banderas, la cual se hablara en otra ocasión) a Marco Fuertes (dueño de la Botica y la Zapatería La Esperanza) una vez en el café de don Fernando una tarde de Capuchino, un martes que ahora no recuerdo.
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