"... Sí, cuidadanos, la religión no es coherente con el sistema de libertades; ya lo habéis experimentado . El hombre libre no se inclinará jamás ante los dioses del cristianismo; sus dogmas, sus ritos y sus misterios jamás le convendrán a un republicano. Un esfuerzo más; puesto que trabajáis para destruir los prejuicios, no dejéis que ninguno subsista, pues basta con uno para que se restablezcan todos. ¡Cuán seguros debemos estar de su retorno si ése que dejáis vivir es a ciencia cierta la cuna de todos los otros! Dejemos de creer que la religión pueda ser útil a los hombres. Tengamos buenas leyes y sabremos prescindir de la religión. Pero el pueblo necesita tener alguna, dicen; lo entretiene, lo contiene. ¡En buena hora! Otorguémonos, en ese caso, la que convenga a los hombres libres. Volvamos a los dioses del paganismo. Adoremos con gusto a Júpiter, Hércules o Palas Atenea; pero ya no queremos a ese fabuloso actor del universo que se mueve por sí mismo; ya no queremos a un dios sin amplitud y que, sin embargo, lo llena todo con su inmensidad, un dios todopoderoso y que actúa según su voluntad, un ser extremadamente bueno y que sólo produce insatisfacción, un ser amigo del orden y bajo cuyo gobierno todo está en desorden. No, ya no queremos a un dios que perturba a la naturaleza, que es el padre de la confusión, que anima al hombre cuando se entrega a los horrores; un dios así nos hace temblar de indignación y lo enterraremos para siempre en el olvido, de donde ha querido sacarlo el infame Robespierre..."
De Filosofía en el tocador. Marqués de Sade.
No hay comentarios:
Publicar un comentario